Amo busca sumisa en Sevilla

Actualmente me encuentro buscando una nueva sumisa por la zona de Sevilla o alrededores. Las interesadas pueden contactarme a través de cualquiera de mis correos:

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Sin límites

Fue entonces, tras años de búsquedas infructuosas, de desengaños, decepciones, desilusiones, mentiras disfradas... de todo un cúmulo de obstáculos, grandes y pequeños, cuando Javier encontró a Paula. Pero vayamos por partes.


Javier era dominante. Siempre lo había sido, desde que tenía uso de razón y le alcanzaba la memoria, aunque al principio no lograra identificar y etiquetar sus sentimientos y tendencias. Bien es sabido que cada dominante es un mundo, al igual que cada sumiso y que, prácticamente lo único que se cumple en todos ellos es precisamente lo que pone en su etiqueta: que les gusta dominar. A partir de ahí, las formas, los detalles, y cada uno de los intereses que disfrutan, confeccionan un perfil único en cada uno de ellos. En su caso, además de su carácter innato, lo que a Javier verdaderamente más le atraía de una sumisa era su total obediencia, ciega y prácticamente ilimitada, pero también su faceta masoquista, tanto en su vertiente física como también en la psicológica.


Él no era especialmente sádico, pero no podía evitar encenderse como un soplete en cuanto pensaba en la posibilidad de que una sumisa extremadamente obediente y masoquista se entregara a él, por la única razón de una necesidad acuciante, desesperada, de ser dominada, castigada, humillada y usada de mil formas distintas. Dos palabras se le venían repetidamente a su cabeza: “Sín límites”.


Por supuesto, estaba convencido de que esa ausencia de límites que él tan utópicamente imaginaba no sería explotada al máximo por él pero, aun así, quería disfrutar de la conciencia de tener una sumisa así entregada completamente a sus deseos, como el que tiene un ferrari en la puerta, y sabe que jamás lo pondrá en carretera a todo lo que da, pero solamente el hecho de lucirlo ya es, en sí mismo, todo un auténtico placer.


Había conocido a varias sumisas, con las que había mantenido relaciones de dominación y sumisión , pero siempre condicionado por unos límites previos que, por supuesto siempre respetaba. A veces, incluso era mucho más rápido y corto saber qué era lo que podía hacer con la sumisa que sus límites, de tal manera que, aunque en la relación él hiciera de dominador y ella de dominada, a fin de cuentas, era más bien al contrario, porque era él quien se adaptaba a las necesidades de la sumisa. Pero en tiempos de escasez, cualquier agujero era bueno para esconderse y, ya habituado y resignado a encontrarse casos así, perdió toda esperanza de encontrar a la sumisa de sus sueños.


Entonces un día recibió un correo de Paula. Aquel primer correo sonaba tan bien que parecía que algien que conociera sus gustos estuviera tratando de quedarse con él. El correo decía así:


“Estimado Señor.


He leido su anuncio buscando perra para domarla en una relación D/s 24/7 y estoy interesada en conocerle. Soy sumisa masoquista de 23 años viviendo en Sevilla, con no mucha experiencia pero con muchas ganas de servir fielmente a un Amo, protector a la vez que severo. Actualmente vivo compartiendo piso con otras dos compañeras por lo que no tendría problemas en instalarme en su casa para servirle las 24 horas como usted ordenase. Físicamente, soy alta, 1,73, peso 62 kgs. Y creo que mi cara y mi cuerpo serán de su agrado. Admito ser usada de cualquier manera, incluyendo ser prostituida, cedida, como criada, animal, objeto o incluso WC. Los habituales límites que tienen las sumisas (zoo, scat, agujas, publicar mi condición...) no van conmigo, ya que mi necesidad de humillación es tal que habitualmente ingiero mis propias heces y orina imaginando que son las de mi Amo, y que me hace comer. De igual manera, mi ansia de castigo es tal que suelo practicarme cortes y algunas quemaduras, aunque con especial cuidado de que no dejen señales permanentes para que mi futuro Amo disponga de mi cuerpo sin marcas previas, para que Él lo marque como desee. Solo espero conocerle pronto y que me acepte como su humilde sierva, y ser usada por Ud. como desee.”


Tan bien le sonó a Javier que pensó que había truco. Quizás alguien quería gastarle una broma, o simplemente jugar con él, o quizás la chica mentía o cualquier otra explicación que en ese momento no se le ocurría, pero de lo que estaba bastante seguro era de que había gato encerrado. Así que pensando en que no podía perder nada si respondía al correo, pero actuando con prudencia y cierto escepticismo, decidió agregar la dirección a su lista de contactos de mensajería instantánea y abrió una ventana para escribir un mensaje de respuesta.


En aquel momento, y antes de que pudiera empezar la carta con un saludo, su programa le avisó de que Paula estaba conectada. A pesar del escepticismo, no pudo evitar cierta emoción en su estómago, que se cristalizó en un pensamiento: “A ver qué pasa”. Abrió la ventana de mensajes instántaneos para Paula, pero ella fue más rápida y saludó primero:


Paula>Buenas noches, Señor.

Javier>Hola, buenas noches. Qué tal estás?

Paula>Bien, y Usted?

Javier>Muy bien, gracias. Acabo de leer tu correo y te iba a responder, pero entonces te he visto conectada.

Paula>Si prefiere responderme por correo, esperaré si quiere.

Javier>No, ya que estás conectada prefiero hablar contigo en directo. ¿Tienes tiempo?

Paula>Sí, Señor.

Javier>Perfecto. Doy por hecho que todo lo que me dices en el correo va en serio y que todo es verdad, no?

Paula>Totalmente. Incluso me he callado muchas cosas por no conocerle y no tener la suficiente confianza, pero lo que digo es verdad.

Javier>Qué tipo de cosas?

Paula>Cosas que me gustaría que me ordenaran o hicieran.

Javier>Como por ejemplo?

Paula>Usarme como WC

Javier>Como water?

Paula>Sí, ordenarme ingerir sus heces y beber su orina o tragar su saliva.

Javier>Pero eso ya lo decías en tu correo. ¿Qué hay más fuerte que eso?

Paula>Me gustaría que mi Amo me exhibiera orgulloso, hacer pública mi condición, una vez tuviera Amo, y que todos supieran que hago esas cosas.

Javier>Algo así se podría hacer, pero tienes que saber que soy muy discreto para estas cosas y salvaguardar mi identidad es una de mis prioridades.

Paula>Lo entiendo, Señor.

Javier>Si eso supone para ti algún problema...

Paula>El qué?

Javier>Que no sea de dominio público tu condición si llegas a ser mi sumisa.

Paula>En absoluto. Cumpliré cualquier deseo que tenga y respetaré sus límites.

Javier>Quiere eso decir que quieres ser mi sumisa?

Paula>Por eso le escribí.

Javier>Pero si todavía no me conoces, y si no te gusto?

Paula>El físico para mí no tiene ninguna importancia. Incluso sería mejor para mi sometimiento y humillación que fuera Usted feo o nada atractivo. Así me sentiría más humillada y sometida que si estuviera con un amo superatractivo.

Javier>Y si soy algún tipo de psicópata o maltratador?

Paula>Lo primero, atendiendo a mi intuición, a su anuncio y a lo que llevamos hablado, creo que no. Lo segundo... no me importa, Señor. Deseo ser humillada y castigada sin límites, tratada como una cosa, puede pegarme todo lo que desee y como quiera: azotes, bofetadas, pellizcos, tirones de pelo, puñetazos o incluso patadas. Puede usarme como saco de pegar, si lo desea. Con mi anterior Amo visité en varias ocasiones Urgencias para que me hicieran curas, por los castigos y palizas con que me disciplinaba o me daba por puro deseo suyo, pero era muy feliz con Él.

Javier>Y qué pasó? Por qué terminasteis?

Paula>Él no podía usarme 24/7 porque estaba casado y con hijos, y apenas nos veíamos una o dos veces por semana como mucho. Tras un mes de ausencia por su parte, le solicité me liberara para buscar un Amo que puediera hacerse cargo de mí 24/7. Él me concedió la libertad a cambio de poder seguir siendo usada por Él cada vez que lo solicite hasta que encuentre un Amo que cumpla mi única expectativa.

Javier>Y es vivir con tu Amo?

Paula>O al menos, ser suya sabiendo que no hay nadie más, y que no voy a ser abandonada por él, pero para mí, lo ideal, es vivir con mi Amo, sirviéndole permanentemente como el disponga.

Javier>Entonces actualmente sigues viéndote con tu anterior Amo.

Paula>Cada vez que Él lo desea, me llama para satisfacerlo.

Javier>Bien, pues como decía en mi anuncio, yo actualmente vivo solo y no tengo pareja, así que estoy libre y capacitado para hacerme cargo de ti, si aceptas ser mi sumisa y someterte a un breve período de prueba.

Paula>En qué consistiría el período de prueba?

Javier>Se trata solo de un mero trámite protocolario. A todos los efectos, desde el momento en que lo decidas, pasas a ser mi sumisa y a estar bajo mi protección y dominación. Y ese período de tiempo es el que uso yo para saber hasta qué punto es verdad todo lo que me cuentas, y hasta qué punto eres capaz de comportarte como dices. No suele durar mucho. Básicamente, te pongo a prueba en materi a de castigos, humillaciones verbales y físicas, y sexo. Pero a todos los efectos, eres mi sumisa entregada completamente a mí.

Paula>Y qué tengo qué hacer?

Javier>En primer lugar, manifestar clara y rotundamente que quieres ser mi sumisa. En segundo lugar, pedírmelo con humildad. Y una vez que yo te dé el sí, ya pasas a ser mi sumisa, de mi propiedad, exclusivamente. Ello implicaría, obviamente, que deberías de dejar de ver a tu anterior Amo.

Paula>Y podría irme a vivir con Usted?

Javier>Todo depende del período de prueba, pero si todo va bien y verdaderamente eres quien dices ser, en pocos días estarás viviendo en mi casa, sirviéndome como mi esclava para todo.

Paula>Y si después del período de prueba Usted me rechazara?

Javier>Eso solo ocurriría si algo de lo que me hayas dicho no fuera cierto. Tú me has mentido en algo?

Paula>No, Señor.

Javier>Y me has ocultado algo importante?

Paula>Tampoco.

Javier>Pues ya está. Si de verdad quieres entregarte a mí, éste es el momento.

Paula>No quiere conocerme en persona antes?

Javier>No me hace falta. Al igual que para ti, para mí el físico no es tan importante. Además, me has dado unas medidas proporcionadas y asumo que son ciertas, así que con eso, a nivel físico, me conformo.

Javier>Entonces quiéres o no quieres ser mi sumisa?

Paula>Sí, Señor.

Javier>Pues ya sabes lo que tienes que hacer

Paula>Señor, deseo humildemente ser su sumisa, para servirle en todo lo que quiera. Le ruego que me acepte.

Javier>¿Harás cualquier cosa que te pida?

Paula>Lo que sea.

Javier>¿Te dejarás hacer cualquier cosa que se me antoje?

Paula>Sus caprichos serán mi religión.

Javier>¿Estarías dispuesta a comerte mi mierda y beberte mi orina mientras te azoto y te humillo?

Paula>Siempre que usted lo desee, lo haré con fervor y entrega.

Javier>También serás mi criada, para mantener la casa en perfecto orden. Esa será una de tus funciones principales. Algún problema?

Paula>Ninguno, Señor, he trabajado de limpiadora en varias ocasiones.

Javier>Y por último... ¿cuáles son tus límites?

Paula>Ninguno, Señor. No tengo ni quiero límites.

Javier>No, eso no está bien. Lo que tienes que responder es “los límites que Usted quiera establecer”.

Paula>Los límites que Usted quiera establecer. Quiero ser totalmente Suya.

Javier>A partir de este momento, ya lo eres. Cualquier orden que te dé, la obedecerás sin cuestionarme por muy dura que sea, lo has entendido, puta?

Paula>Sí, Señor.

Javier>Muy bien. Ahora veamos qué he adquirido. ¿Tienes cam?

Paula>No, Señor, pero tengo fotos.

Javier>Bien, ve enviándome algunas.

Paula>Cómo las quiere? Desnuda?

Javier>De todo un poco, variadito, pero sobre todo, que se te vea bien la cara y el cuerpo. Y también quiero un número de móvil.

Paula>612345678

Javier>Acabo de darte una llamada perdida. En qué termina mi número?

Paula>En 140.

Javier>Muy bien, así sé que el número que me has dado es tuyo. Voy a ver las fotos.


Javier empezó a abrir las fotos que le iban llegando. Paula resultó ser una chica muy atractiva, con un cuerpo bonito, unos pechos y un culo de concurso, pero sobre todo una carita de ángel con unos labios carnosos que Javier tenía que hacer esfuerzos para imaginar aquella chica con aspecto angelical hacer todas aquellas cosas que le había dicho. Aún más, no salía de su asombro y decidió meter más aún el dedo en la llaga, resuelto a desentrañar el misterio.


Javier>Veo que no estás nada mal. Me agrada tu cuerpo.

Paula>Gracias, Señor. Es todo suyo.

Javier>Y si te dijera que me apetece probarlo esta misma noche?


Llegados a este punto, lo habitual era que la sumisa de turno siempre se buscara alguna excusa para no quedar, y prolongar el calentón virtual lo máximo posible.


Paula>Ningún problema, Señor. Solo tiene que decirme hora, sitio y cómo quiere que vaya vestida.

Javier>Pues por ser esta la primera vez y no tener aún conocimiento de cuál es tu vestuario, te sugiero que vayas cómoda pero provocativa, sin llegar a parecer una puta. Ponte lo que mejor te siente, eso sí, con tacones altos y finos y negros, no importa que sean de bota o zapatos, ok?

Paula>Sí, Señor. Dónde y a qué hora?

Javier>Quiero que estés a las 9 en la entrada del centro comercial Plaza de Armas, en la parte de la calle, donde se te vea bien.

Paula>Como desee. ¿Cómo le reconoceré?

Javier>No te preocupes por eso, yo ya te he visto y seré yo quien me dirija a ti. Si no te presentas, te borraré y renegaré de ti, y no valdrán excusas o arrepentimientos. Ha quedado claro?

Paula>Sí, Señor. Allí estaré. Estoy ansiosa por estar a sus pies.

Javier>Hasta las 9 entonces.

Paula>Permiso para retirarme, Señor.

Javier>Puedes irte, puta.

Paula>Gracias, Señor. Hasta luego.


Eran las 18:35. A Javier le quedaban aún un par de horas para recoger un poco en casa y arreglarse para el encuentro. En su cabeza, iba imaginando diferentes explicaciones sobre el “gato encerrado”. De ninguna manera podía ser que aquella preciosidad de criatura fuera suya, y mucho menos, que llegara a hacer y dejarse hacer todas aquellas cosas. Cabía la mínima posibilidad de que fuera así, pero incluso en tal caso, lo más probable es que ella se echara para atrás en cuanto le viera, ya que Javier no era precisamente un tipo atractivo, ni tampoco socialmente daba un aspecto muy dominante o seguro. Dejaba su faceta de Amo, dominador, sádico, humillante y déspota para sus relaciones D/s, siendo su antagonista cuando se comportaba en sociedad. No dejaba de resultarle curioso como, de igual manera que a él le pasaba, muchas sumisas (la mayoría incluso) luego resultaban de armas tomar en su entorno social y laboral, siendo mujeres con carácter o muy progresistas y liberales, con aparentes tendencias feministas. Barajaba entre sus neuronas éste y otros pensamientos mientras deambulaba por casa colocando en su lugar cada cosa que no lo estuviera. Luego, seleccionó cuidadosamente su ropa, tanto interior como exterior, y lo dispuso todo para el encuentro o encerrona. Se consolaba pensando en que a eso de las 10 ya tendría la explicación a todo.


A falta de 30 minutos para la hora señalada, salió de casa procurando no olvidarse de nada: las llaves, la cartera, el móvil... ah, y los condones. Cuando llegó, tuvo suerte para dejar el coche en el aparcamiento del centro comercial y subió hasta el nivel de la calle, acentuando su cautela y extremando su atención a medida que se iba acercando al punto de encuentro. Decidió salir desde dentro del centro, para que no lo viera llegar desde lejos. Aunque él tampoco estaba seguro de si estaría allí. De hecho, sospechaba que no iba a presentarse nadie.


A pocos pasos de la entrada y cuatro minutos de la hora señalada, a través de las lunas que dan a la calle, vió una chica que parecía encajar con la de las fotos. La pinta al primer vistazo por detrás era bastante buena. A Javier se le encogieron las pelotas y tragó saliva, notando como su pulso se aceleraba. Salió a la calle y fue directo a por la chica.


-¿Paula?


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Sin límites (II)

- ¿Paula?
- Sí, hola ¿qué tal? -dijo mientras saludaba de forma espontánea y convencional, acercando su cara a la de Javier para los dos besos de rigor. Decidió seguir el juego y mantener la compostura.
- Muy bien, ¿y tú? -respondió mientras besaba aquellas suaves y frías mejillas.
- Bien, no sabía si ibas a aparecer.
- Es lo mismo que yo pensaba de ti.
- ¿Por qué?
- Hay muchos bromistas con muy mala sangre que a veces se aburren y les da por joder.
- Lo sé, he pasado por eso.
- ¿Te apetece que vayamos a algún sitio para seguir charlando mientras tomamos algo?
- Claro, vamos donde tú digas.

Aquellas palabras, pronunciadas con aquella mirada que Paula le lanzó a Javier, entre coqueta y tímida, parecían marcar el rumbo de por dónde iban a ir las cosas esa noche. Javier captó la dócil y sumisa entrega en aquellas primeras miradas y palabras. Aun así, desconfiando, optó por actuar con prudencia, descartando la idea de llevarla directamente a su casa. Había un bar a pocos metros, de ambiente moderno pero acogedor, perfecto para tomar un aperitivo y charlar tranquilamente. De forma tan sutil como natural, Javier inició la marcha posando levemente su mano en la espalda de Paula, a la altura de la cintura. Tras pedir unas bebidas, se sentaron en un rincón, donde podrían charlar con total discreción.

- Bueno, Paula. Ya no estamos en el chat. Ahora esto es la vida real. Puedes verme en carne y hueso y ya sabes cómo soy. ¿Sigues pensando lo mismo sobre lo que hemos hablado?
- Sí. Después de verte estoy aún más convencida.
- ¿Por qué?
- No sé... me das buenas vibraciones. Creo que eres lo que busco y que vas a darme lo que necesito.
- Humillaciones, castigos... en una relación 24/7 donde podré hacerte de todo.
- Sí.
- Sin límites...
- Ahá.

-Es decir, que si te ordeno que me chupes la polla aquí mismo, delante de los camareros y los demás clientes, lo harías.
-No es lo que me había imaginado para ser el primer día, pero si ése es tu deseo, sí, lo haría.
-¿Y qué te habías imaginado?
-Que me llevarías a algún sitio para tener una sesión conmigo y probarme.
-¿Es eso lo que quieres?
-Solo quiero lo que tú quieras.
-Tus imaginaciones no iban mal encaminadas. Solo pretendía romper el hielo, pero veo no solo que no hay hielo que romper, sino más bien agua hirviendo, así que vámonos de aquí.

Paula se levantó solo un segundo después de Javier, dispuesta a seguirle. Caminaron hacia el garaje, cuando Javier le preguntó:

-¿Tienes algún tope de hora?
-Vamos a ver... -dijo Paula con cierto tono de desesperación- Soy tuya completamente, puedes disponer de mí para lo que quieras el tiempo que quieras. Tú diriges mi vida a partir de hoy como mejor te plazca. Yo solo te obedeceré. No tienes por qué preguntarme si quiero algo o no, o si puedo o no.
-Pero tendrás obligaciones que atender.
-Solo te tengo que atender a ti, Amo.
-Qué bien suena en tus labios... -respondía complacido Javier, mientras se metían en el coche-Pero ¿tú a qué te dedicas, Paula?
-Estoy estudiando 3º de Enfermería.
-¿Y de qué vives?
-Actualmente tengo una beca. También hago trabajos puntuales de dependienta, camarera, cajera o lo que salga. Incluso he cuidado niños. Además, mis padres me mandan algún dinero todos los meses.
-Bien. A partir de ahora, y de cara al público, tú y yo seremos pareja. Te vendrás a vivir conmigo, y compaginarás tus estudios de la Universidad con tu vida de esclava. En público, como bien has empezado a hacer, me tutearás y te comportarás como mi pareja. En privado, me hablarás de usted, y me llamarás Señor. ¿Lo has entendido bien, puta?
-Sí, Señor. ¿Puedo preguntar algo?
-Sí, perra.
-¿Cuándo debo de ir a por mis cosas?
-¿Tienes mucho que traer?
-Solo ropa y algunos efectos personales.
-¿Nada de muebles?
-No, podría caber todo en un coche perfectamente.
-Entonces mañana iremos a por tus cosas. Esta noche te quedarás conmigo.
-Como desee, Señor.
-Otra cosa. Antes he percibido un tono en tu voz que no me ha gustado nada, como si te hubieras hartado de que te pregunara siempre por lo mismo, o como si no me hubiera enterado de que eres mía.
-¿Cuándo, Señor?
-Hace un momento, cuando me has dicho que no te tengo que preguntar si te gusta algo o no, o si puedes algo o no.
-Solo quería...
-Silencio, puta! Te lo voy a explicar con un ejemplo, a ver si lo entiendes bien. A mí me encanta la música. A veces, escucho una canción nueva que me gusta mucho. La oigo una vez, y no contento con una sola vez, vuelvo a escucharla una y otra vez, hasta el punto en que me la aprendo de memoria. Y aun así, sigo escuchándola con frecuencia, solo por el placer de oírla. De la misma manera, escucharte a ti decir que eres mía y que puedo hacer contigo lo que quiera, es para mí una de las mejores canciones que he escuchado hasta el momento, así que si quiero oir mil veces lo mismo, tú lo dirás mil veces, ¿lo has entendido bien?
-Perfectamente, Señor. Lo siento mucho.
-Y otra cosa: nunca jamás vuelvas a usar ese tono conmigo. A mí se me habla con suavidad, prudencia y humildad. Soy tu Amo y me debes un respeto. ¿Está claro?
-Como el agua, Señor. Espero ser duramente castigada por mi falta.
-No lo dudes ni por un momento, zorra.

Tras la primera reprimenda, ambos permanecieron en silencio hasta que llegaron a su destino. Javier vivía en una casa unifamiliar, con parcela ajardinada individual de unos 3000 m2, algo grande para él solo, pero ideal para mantener en privado sus juegos. Tal y como iba entrando por el jardín en dirección a la casa, Paula observaba todo, callada y expectante, ante cualquier cosa que le dijera su Amo. Mientras tanto Javier iba pensando por dónde podía empezar. Aún mantenía la sospecha de que Paula se rajaría en cualquier momento y tan presente tenía esa posibilidad, que decidió empezar directamente por sexo puro y duro. Tras la conversación que habían mantenido, Javier estaba muy excitado, y no necesitaba de juegos previos para motivarse, y por otro lado, pensó que Paula tal vez se rajaría en la sesión, no así en el sexo, y no quería perder la oportunidad de disfrutar de un bombón como ella. Así que tras entrar en la casa y cerrar la puerta, en el propio vestíbulo, Javier agarró fuertemente del pelo a Paula, le doy una bofetada y le dijo, acercando su cara a la de ella, en tono seguro y agresivo pero a la vez contenido:

-Puta... ahora vamos a ver si es verdad todo lo que me has dicho.

Tirándola del pelo, la obligó a ponerse de rodillas frente a él. Sacó su polla y agarrando con ambas manos la cabeza de Paula, se la introdujo por la boca hasta la garganta. Paula, sumisa y entregada por completo, se dejaba hacer y chupaba lo mejor que sabía, que era bastante. Javier continuó varios minutos follando la boca de Paula, mientras que el silencio era roto únicamente por los sonidos de la polla chapoteando entre la saliva de Paula. Javier estaba absorto en la contemplación de aquel espectáculo. Aquella chica, de gran belleza y con aspecto angelical, la típica de la que muchos hombres se enamorarían como corderos, estaba a sus pies, entregada al máximo, chupando su polla con fruición.

Javier no quería correrse tan pronto. Desde que había visto a Paula en las fotos, se había fijado en aquel culo de proporciones perfectas, un poco respingón, como a él le gustan, y quería follárselo, no ya por el placer sexual que ello le comportaba sino como un previo a la sesión de castigo que después tenía planeada. La tomó nuevamente por el pelo, obligándola a ponerse a cuatro patas, y la llevó a su habitación tirando de ella. La impaciencia de Javier hizo que fuera andando más rápidamente de lo habitual, por lo que al poco de iniciar la marcha, Paula no pudía seguirlo caminando a cuatro patas. Javier no se inmutó ni frenó su marcha. Siguió tirándola del pelo mientras que Paula era literalmente arrastrada por el suelo, teniendose que agarrar con ambas manos al antebrazo de su Amo para facilitar el arrastre. En el trayecto, las piernas de Paula chocaban contra las paredes y los muebles.

Arrastrada por el suelo, con leves signos de queja por su parte, Paula estaba muy excitada. Aquella escena tan primaria, incluso cavernícola, donde se veía a sí misma como un objeto sexual, como un animal que arrastran al matadero, encendió ya por completo su líbido. Ahora no solo estaba dispuesta para que su Amo hiciera con ella lo que fuera sino que lo estaba deseando, hasta el punto de la desesperación.

Al llegar a la habitación, Javier le ordenó:

-Desnúdate totalmente, zorra.

Paula se levantó y empezó a desvestirse, mientras Javier aprovechó el momento para ir al baño. Cuando volvió, Paula se encontraba de pie, desnuda, con la mirada baja. Javier se acercó a ella y le propinó otra bofetada, esta vez más fuerte que la anterior. Un tenue ¡ay! salió de la boca de Paula.

-A partir de ahora quiero que vayas memorizando todas las instrucciones que te voy a ir dando sobre cómo has de comportarte. Todas son igual de importantes, y te las iré diciendo según considere oportuno. Por ejemplo. Cuando escupa u orine en tu boca, inmediatamente te lo tragarás, abriendo la boca para recibir más, hasta que yo te diga que puedes cerrarla. ¿Lo has entendido, furcia?
-Sí, mi Señor.
-Bien, abre la boca.

Javier escupió dentro de la boca de Paula, y ella tragó su saliva, volviendo a abrir la boca, tal y como Javier le había indicado.

-Muy bien, puta. Ahora cierra la boca y colócate a cuatro patas sobre la cama.

Después de que lo hiciera, y sin pararse mucho a contemplar el paisaje, Javier se situó detrás, apuntando su miembro contra el estrecho ojete de su perra. Dejó caer saliva en el agujerito, para facilitar la entrada, untó bien su prepucio y sosteniendo a Paula por la cintura fuertemente, le metió la polla hasta el fondo de un solo golpe. Paula aspiró fuerte y contuvo un grito, estremecida por el dolor. Sin hacer mucho caso, Javier empezó a bombear en el culo de Paula, follándosela a placer, usándola como un trozo de carne. El placer era inmenso. Tras los primeros minutos, Paula ya no se quejaba. De vez en cuando profería algún gemido de placer, pero salvo eso, se estaba muy callada y quieta, recibiendo los embites de su Amo.

Javier notó que empezaba a tener serias dificultades para no correrse, así que decidió finalizar el polvo tal y como había empezado, en la boca de su esclava. Al sacar su polla, distinguió con cierto asco un inconfundible tono amarronado en su polla, señal inequívoca de que había encontrado “petróleo”. Algo molesto, pero a la vez complacido por la oportunidad que el manchurrón le brindaba, se colocó frente a Paula mientras le decía:

-Mira, puta. Me has manchado la polla con tu mierda. Ahora tendrás que dejarla bien limpia.

Y se la metió con la misma ausencia de miramientos que al principio, hasta la garganta. Empezó a follarla con frenesí mientras le sujetaba la cabeza a Paula.

-Cuando me corra, te lo tragas todo sin dejar nada. Como se te caiga alguna gota y manches la cama, te castigaré a conciencia.

Aquello no era más que reiterar lo que ya iba a pasar de todas formas en cuanto Javier se corriera. La forma de follarle la boca a Paula, sin llegar a correrse, ya era causa suficiente para un babeo intermitente por parte de Paula, que se empleaba a fondo limpiando bien la polla de su Amo.

No pasaron ni cinco minutos cuando Javier, excitado hasta el cúlmen, descargó toda su leche en la boca de su perra, mientras gruñía de placer. Paula hizo todo lo que pudo y tragó la mayor parte del semen de su Amo, dejando caer solo un par de gotas mezcladas con saliva, sobre la cama.

Al terminar, Javier permaneció un par de minutos inmóvil, de rodillas frente a Paula, con una mano apoyada en su cabeza y la otra en su hombro, mientras que ella apuraba los últimos jugos, lentamentamente. Entonces, la sacó y retirándose, le dijo:

-Me ha encantado follarte, zorra. Y me gusta como me la has chupado.
-Gracias, mi Señor. Es todo un honor.
-Ahora veremos cuán masoquista eres.



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Sin límites (III)

Tras oír esas palabras, los ojos de Paula se encendieron como antorchas y una sonrisa de excitación se medio dibujó en su bonita cara. Lo que para muchos supondría una amenaza más que temible, en los oídos de Paula aquellas palabras se convertían en una promesa de placer basado en el castigo, el dolor y la humillación. Servir a su Amo y darle placer era todo cuando ella quería, pero si podía ser siendo castigada y humillada mucho mejor. Para Paula, la sesión de sexo previa había sido puro trámite, un simple preámbulo para el momento que ella tanto anhelaba. Quería lanzarse al vacío en caída libre y sin límites, dispuesta a obedecer cualquier orden que le diera su Amo, por muy humillante o asquerosa que fuera, o a recibir cualquier castigo, incluso aunque tuviera que acabar en el hospital. Esa sensación, de total sometimiento, de postración de su alma y cuerpo a las órdenes de los caprichos de su Amo, excitaba tanto a Paula que le parecía que con un leve movimiento de sus muslos tendría un orgasmo.

Javier despareció de la instancia para volver al cabo de un par de minutos con un collar de perra y una cadena que hacía las veces de correa. Paula permanecía inmóvil, a cuatro patas, sobre la cama. Javier se acercó a ella y con brusquedad y firmeza, le colocó el collar a Paula que aunque le apretaba y molestaba, la dejaba respirar perfectamente. Tiró de ella y la condujo hasta la puerta del sótano de la casa tras la cual descendía una escalera. A medida que bajaba por ella, y tras una primera ojeada, se quedó sorprendida de la cantidad de material de sometimiento que había. Jaula, potro, silla especial, cruz de san andrés, un sistema de cadenas que colgaban del techo, varios tipos de látigos colgados en las paredes, varas... y otras tantos objetos cuyo nombre desconocía. Algunos jamás los había visto.

Perfectamente ambientado con velas y otras lámparas y focos cuidadosamente distribuidos, la sala adquiría un aspecto aterrador a la vez que excitante. En una palabra: imponía. Javier encendió algunas velas y una varita de incienso. Llevó a Paula hasta la cruz y la sujetó a la misma, apretando fuertemente las correas alrededor de muñecas y tobillos. Decidió no amordazarla, ya que seguía esperando que se rajara en cualquier momento, aunque sí le colocó una venda en los ojos que le impedía ver cualquier cosa.

El silencio fue roto por el Amo:

- Ahora voy a ponerte algunas cosas para que estés más guapa -comentó Javier con cierto sarcasmo.

El sonido ambiente se llenó de ruidos provenientes de lo que parecía eran pequeños objetos metálicos. Paula estaba excitadísima. Al poco atracó la primera pinza en uno de sus pezones.
Luego otra en el otro. Luego más, distribuidas con hiriente precisión por la superficie mamaria. Y para terminar, unas pinzas sujetas a su clítoris sosteniendo un péndulo que pesaba lo suyo. Entre el peso del lastre y lo húmedo que tenía Paula su clítoris, tuvo que tener especial cuidado al colocarlas para que no se resbalaran y cayeran al más mínimo movimiento.

Lejos de mostrar miedo o cualquier síntoma de queja, más bien los leves suspiros y gemidos que se escapaban de la boca de Paula mostraban placer y excitación. Cuanto más intenso era el dolor y más la sensación de indefensión, más excitada estaba y más gemía.

Cuando hubo acabado con las pinzas, su Amo volvió con otra cosa, que Paula olió e identificó al instante. Parecía que su Amo iba a regar su cuerpo con algunas gotas de cera. Efectivamente. Empezó un lento aunque inexorable goteo que iba poco a poco cubriendo los pechos de Paula. arrancando gemidos de dolor-placer cada vez más intensos.

- Abre la boca, puta -le ordenó.

Paula, ignorando los efectos que le produciría, temió que su Amo quisiera también verter algunas gotas en su lengua, pero a pesar de ello obedeció, tal era su sed de entrega. Aquello la excitó aún más.

- Saca la lengua... abre más la boca... así.

Paula abrió todo lo que pudo. Finalmente un generoso salivazo se coló en su boca.

- Traga.

Ella tragó, agradecida, relamiéndose cualquier resquicio de saliva de su Amo que aún pudiera esconderse en su boca.

- Debes saber que siempre que escupa en tu boca, y sin que yo tenga que decirte nada, te lo tragarás inmediatamente y volverás a abrir la boca enseñando la lengua y dispuesta a recibir más salivazos. ¿Has tentendido bien, puta?

- Sí, mi Señor -contestó Paula antes de volver a dejar la boca abierta, tal y como le había explicado su Amo.

- Muy bien. Así, hasta que yo te diga que la cierres... Cierra.

Paula sintió cómo su Amo se alejaba subiendo por las escaleras. Puerta se abre, puerta se cierra, y luego... el silencio. Total y absoluto, como la oscuridad que le proporcionaba la venda. Parecía estar bien insonorizado el sitio. Si tenía que pedir socorro, seguramente nadie la oiría. ¿Dónde había ido su Amo? Probablemente al baño un momento. Quizás por algún elemento que le faltara para la próxima parte de la sesión. Imaginando posibilidades, empezó a darse cuenta de que estaba pasando ya demasiado tiempo. Probablemente llevaba sola 15 o 20 minutos. Y no escuchaba ningún ruido, ni de pasos ni nada. Se empezó a impacientar cuando, probablemente, pasó otro cuarto de hora más. ¿Cuánto tiempo iba a estar así? ¿Quizás horas?

Imaginando esa situación, y lo indefensa y a merced de su Amo que se sentía, su coño, que un poco se había enfriado tras el momento de la cera, empezó a segregar flujos de nuevo. Se sentía completamente pertenecida. En medio de todas estas sensaciones, el sonido de la puerta abriéndose interrumpió el silencio de la mazmorra. Javier se aproximó a Paula y le quitó la venda. Traía una cámara de fotos.

- Ahora voy a hacerte unas fotos y quiero que mires directamente al objetivo.

Paula clavó en el objetivo de la cámara el azul de sus preciosos ojos, mezclando en una sola mirada excitación, sumisión, provocación y satisfacción. Incluso podía atisbarse un amago de sonrisa en sus labios. Javier ametralló el cuerpo de Paula desde distintos ángulos y distancias, ordenándole que mirara al objetivo algunas veces y otras no.

- Estas fotos serán publicadas en mi galería de exposición de sumisos mañana mismo.

Lo dijo como esperando algún tipo de queja por parte de Paula o, directamente, una negativa.

- Como desees, mi Amo.

Javier levantó fugazmente las cejas en señal de sorpresa. Parecía que la pequeña putita estaba respondiendo a las expectativas. Decidido a salir de dudas lo antes posible y optó por pasar a una prueba de más peso, aprovechando cierta presión en su vejiga. Procedió a liberarla de la cruz y le quitó las pinzas que se sujetaban a su coño, la esposó y la puso de rodillas frente a él diciéndole, mientras se desabrochaba el pantalón:

- Ahora vas a tragarte mi orina, zorra. Traga todo lo que puedas y lo que se te caiga, luego lo lamerás directamente del suelo hasta dejarlo completamente limpio. ¿Lo has entendido bien, puta?
- Sí, Amo.
- Bien. Abre bien la boca, que ahora eres mi orinal.

Paula abrió bien grande su boca y su Amo empezó a emitir un fino aunque potente chorro . Los primeros segundos Paula tragaba sin problemas pero pronto empezó a rebosar parte de la orina y resbalar por su cara y cuello hasta el suelo. No obstante, ella seguía tragando sin pausa todo lo que podía. Javier se complacía de la respuesta de Paula y, por primera vez, la balanza de su escepticismo se inclinó hacia el otro lado, empezando a convencerse de que aquella chica con cara de pija rompecorazones se podía convertir en una esclava verdaderamente sin límites, y completamente suya.

Mientras se complacía pensando eso, dejó caer un goterón de saliva en la frente de su orinal particular que fue resbalando lentamente por su cara. Cuando terminó, palmeó la cabeza de Paula hacia abajo con un golpe seco y fuerte, diciendo:

- ¡Vamos puta! Cumple tu función y recoge mi meado ¡con la lengua!

Sin el menor gesto de queja por el capón o la orden, Paula se apresuró a lamer y sorber con fruición la orina de su amo del suelo, manteniendo su culito en pompa, hasta que lo recogió todo. Acto seguido, su Amo decidió probarla en el potro.

Una vez inmovilizada, comenzó a azotar su cuerpo con la fusta, incrementando gradualmente la intensidad de sus azotes. Su Amo no se limitaba a su culo en pompa, sino que propinaba fustazos indistintamente en piernas, nalgas, espalda, brazos o, directamente, en su vulva, abierta, cálida y chorreante. Al poco tiempo, se aburrió de la fusta y decidió hacer un poco de ejercicio con el gato.


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Sin límites (IV)

Comenzó a azotar con el látigo. Con ritmo lento pero con enérgicas sacudidas, fue fustigando sin piedad a Paula. Al poco, comenzó a aumentar el ritmo e intensidad de los azotes, pero Paula estaba extasiada y entregada por completo a su Amo. Los jadeos de excitación habían dado paso a un sumiso silencio, casi en estado de trance y con el coño completamente inundado de flujos. Javier volvió a excitarse.

Recordó que en uno de los armaritos disponía de un set de agujas y fue a por él. Con el culo aún rojo y caliente, comenzó a insertar una a una las agujas, produciendo un hondo estremecimiento en Paula, que se dejaba hacer. Cuando hubo colocado cinco agujas en cada nalga, decidió castigar un poco las hoquedades inferiores de su esclava introduciendo diversos consoladores en su ano y vagina. No necesitó lubricar lo más mínimo los que fueron introducidos por su coño, y que luego, ya resbaladizos por el natural fluido, iban a parar a su ano.

Allí, atada y completamente inmóvil, tras ser azotada y saeteada sin piedad, y mientras su Amo iba ensanchando sus huecos con consoladores cada vez más grandes, se sintió feliz, por primera vez en años. Ni siquiera con su anterior amo, cruel y sádico como pocos, había disfrutado tanto. Y no era por la sesión que estaba teniendo lugar sino por ser consciente de que ahí no terminaría la cosa, de que no era otra sesión más y vuelta otra vez a su asfixiante e insípida rutina, sino que ya era una esclava de su Señor, las 24 horas del día, y que iba a ser sometida y usada como ella siempre había soñado.

Pensaba todas estas cosas Paula de forma más o menos consciente, mientras su coño y culo se iban dilatando cada vez más, y las agujas no se iban de sus nalgas. Cuando su Amo le preguntó:

- ¿Tienes hambre?

Ella no sabía qué responder, quedándose algo confusa mientras notaba que su excitación, de repente, bajaba. En mitad de una sesión ¿y quiere cortar para ir a picar algo? Optó por la respuesta fácil y segura.

- Comeré cuando Usted ordene y lo que Usted quiera, Amo.

- Bien, pues prepárate para una mousse de chocolate porque tu Amo va a volver a usarte como water. Y al igual que con la orina, quiero que te lo comas todo. ¿Has entendido bien?

- Sí, mi Señor.

Paula se estremeció de emoción. Aquél constituía uno de los símbolos más evidentes de sumisión y humillación. Servir de WC, no ya ofreciendo el cuerpo como depositario de los excrementos de alguien, sino concretamente la boca, ingiriendo y haciendo desaparecer las heces. ¿Qué podía haber más bajo? Quizás hacer lo mismo de forma habitual y para un grupo indeterminado de personas, pero Javier no era tonto y sabía perfectamente que aquél era un lujo del que sólo podría disfrutar en algunas ocasiones si quería mantener a su esclava en buen estado de salud.

Le quitó las agujas, la desató y la tendió en el suelo boca arriba, situándose en cuclillas mientras acercaba su ano a la boca de su esclava-water.

- Te lo vas comiendo todo. Puedes ayudarte con las manos. Si se te cae algo, luego lo comerás directamente del suelo.

Y entonces una masa compacta de heces fue a parar directamente del ano de Javier a la boca de Paula. Ella, siguiendo las indicaciones de su Amo, comenzó a tragar todo lo que podía, tras una leve masticación. En aquella situación, repasó fugazmente los acontecimientos de aquel día y lo rápido y, hasta el momento, bien que había ido todo. Javier miraba a Paula mientras ésta iba comiendo lo que podía, y pensó que ya no necesitaba más pruebas. Aquella era la sumisa que había estado buscando.

Al terminar, aún quedaban algunos restos encima de Paula y en el suelo. Su Amo le ordenó que se pusiera a cuatro patas y fuera recogiéndolos con la boca uno a uno y que se los tragara, y lamiera los manchones del suelo hasta que todo quedara limpio. Mientras lo hacía, con la cara y boca llena de churretes de auténtica mierda, su Amo decidió tomarla, tan excitado como estaba, al igual que ella. No opuso ninguna resistencia en su culo, perfectamente dilatado por las introducciones a las que había sido sometida hasta hace pocos minutos.

Ya hubo terminado Paula de limpiarlo todo y, mientras seguía siendo embestida por las sacudidas que precedían al inminente orgasmo de su Señor, continuó relamiéndose y limpiando su boca y labios hasta donde su lengua alcanzaba, con una expresión de zorra insaciable, jadeando y profiriendo gemidos de auténtico placer. Javier no aguantó mucho más en aquella situación y pronto se corrió dentro de ella, inundando su culo con su lechoso néctar.

Tras un par de minutos de pausa para recuperar el aliento perdido en el frenesí escatológico, le ordenó.

- Ahora recoge todo esto y cuando termines, sube al baño de la habitación y dúchate. Para la boca encontrarás cepillos precintados. Cuando termines, sírveme un whisky y me lo subes a la habitación donde estuvimos antes.

Paula se levantó, cabizbaja, agotada, con las piernas temblando y algo desorientada, y lentamente comenzó a intentar colocar las cosas en su sitio. Evidentemente, el látigo y la fusta iban juntos, al lado del resto de látigos y varas que estaban expuestos en la pared. Las pinzas, agujas, collar y correa no supo bien donde ubicarlos, así que los puso todos juntos, colocados de forma ordenada, encima de una especie de cómoda, sin querer atreverse a abrir un cajón para ponerlos menos a la vista. De todas formas, no creía que fueran a haber muchas visitas por allí... ¿o sí?

Luego se dirigió hacia el baño, donde se duchó y aseó lo mejor que pudo, y tal y como le había ordenado su Señor. Al no contar con ropa limpia y ante la falta de instrucciones en ese sentido, optó por salir desnuda, pensando que si su Señor no le había dicho nada, sabiendo perfectamente que no tenía ropa limpia, querría que estuviera desnuda, y así salió hacia el salón, donde le preparó el whisky a su Amo. Ante la duda de si lo preferiría solo o con hielo, aplicó el mismo principio que en el caso anterior: "Si mi Señor hubiera querido un whisky con hielo, me lo habría dicho exactamente así." Esta forma de obedecer a su Amo era característica en ella.

No intentaba intuir los deseos de su Amo, ni mucho menos imaginarse qué o cómo lo quería Él. Ella sólo obedecía, cual esclava, sin preocuparse de nada más que de cumplir al pie de la letra las órdenes de su Amo. Así era para todo.

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Sin límites (V)

Se encontró a su amo, que había usado la ducha de abajo, tranquilo, tumbado en la cama mientras leía un libro.

- Su whisky, mi Señor.
- ¿No te he dicho que lo quería con hielo? Da igual... Ve y ponle hielo, puta.
- Sí, Amo.

Muchas sumisas se hubieran ido mascullando alguna queja o reproche. Incluso alguna habría osado poner mala cara. Paula no. Volvió a por el hielo, tan natural como si estuviera acostumbrada a ese tipo de trato desde siempre. De hecho, su único pensamiento fue "le gusta con hielo", como anotándolo para la próxima vez.

Cuando volvió, su amo saboreó un sorbo mientras observaba el cuerpo desnudo de Paula, de pie, al lado de la cama. Se quedó un rato así, en silencio, mientras disfrutaba de la copa, de la vista y de la consciencia de su absoluto dominio sobre aquella escultural chica.

- Chúpame la polla -dijo abriendo las piernas para hacerle sitio a Paula.

Ella, sin un segundo de dilación, se colocó en posición y comenzó a hacerle una felación a su señor. Como no sabía cómo le gustaba que se la hicieran, comenzó lo mejor que sabía, dando lametones por todo el prepucio y luego alternándolos con series de chupadas más o menos profundas, expectante ante cualquier instrucción de su amo.

De repente Javier apuró la copa y le cogió firmemente la cabeza a Paula con ambas manos, y empezó a subirla y bajarla con rapidez, follándole la boca a Paula hasta la garganta. Afortunadamente, Paula admitía bastante profundidad en sus penetraciones bucales sin atisbos de arcadas o náuseas y acogió bien el ritmo de la felación. En un momento dado, Javier apretó fuertemente la cabeza de Paula contra su polla, llegando hasta la máxima profundidad de su garganta y la mantuvo ahí.

Paula aguantaba la respiración a sabiendas de que su amo volvía a probarla. Javier continuaba apretando mientras a Paula le empezaba a faltar el aire y comenzó a toser. Una sonrisa sádica se dibujó en la cara de Javier, y entonces le retiró la cabeza. Paula aspiró una gran bocanada de aire y tosió un par de veces, pero al momento tuvo que volver al trabajo, dejando que su amo usara su boca y cabeza a su gusto. Tras algunos minutos más disfrutando de aquella estupenda mamada, aumentó un poco más el ritmo hasta que ya no pudo más y se corrió en su boca.

- Tragátelo todo, puta de mierda.

Si Javier disfrutaba en aquel momento, Paula disfrutó aún más degustando la leche de su amo. Se la hubiera tragado de todas formas aunque Javier no se lo hubiera ordenado. Cuando ya se hubo quedado a gusto, la echó de la cama al suelo empujándola con el pie, con desprecio y brusquedad, mientras le decía:

- Ahora quiero dormir, y te recomiendo que hagas lo mismo, zorra. Mañana te espera un día muy duro.
- Señor, ¿dónde duermo? -preguntó desde el suelo.
- Aquí, cerca mía, por si necesito otra mamada a medianoche u orinar. Puedes usar la alfombra para dormir.
- Gracias, mi Señor. Buenas noches.

Y se echó, desnuda, como una perra, a los pies de la cama de su señor.

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